De día de vez en cuando llovizna y por la noche siempre llueve. Hace viento y mi sombrilla se rompe, se dobla y yo me mojo.
Hong Kong es una selva subacuática urbana. Entre los edificios crecen parques, parches de selva subtropical al borde del desborde. Todo al borde del agua; una península que da unas islas tan humedas que no deja respirar, que solo queda nadar en vez de caminar.
De día llovizna, de noche llueve, pero la gente se transporta a pie por los puentes peatonales techados, se recorre todos los Nuevos Territorios sin tener que alzar la mirada al cielo nublado una sola vez.
Camino a raz de tierra, camino a raz de rascacielos, por el subsuelo. Qué abuelerías, eso de limitarse a ser terrestres. Aprendimos a vivir en medio del agua, que rompe, que flota, que cae. Que desgasta las fachadas, que erosiona el progreso descarado que formó a Hong Kong y lo desgasta hoy y lo reinventa cada día.
Hong Kong: el Capitalismo no es neutro. O es divino o es horrible. O se es rico o se es pobre. Y yo a Hong Kong ya no lo quiero.
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jueves, 19 de junio de 2008
martes, 17 de junio de 2008
La Flota de Shenzhen
Llego al aeropuerto y trato de ver por dónde se coje el famoso bus a Hong Kong. Pregunto, pregunto, y por fin le doy al chino que es. Después de mucho conversar con él (¿Sheeenmee diiifaanngg...?) me monto al bus y resulta que además de ser muy útil es también el mismísimo chofer.
Arrancamos. Me entretengo como solo sé hacerlo, tomandole fotos a los puentes, y cuando presiento se acerca la hora de bajarse, me paro al lado de mi shifu para entrevistarlo acerca de mi porvenir. Trato de preguntarle dónde hay hoteles, ah no, en todas partes, uste fresca! Pero eso no me ayuda mucho. Esta es mi parada, segun él. Me bajo, y aquí, en medio de la nada puedo coger otro bus que me lleva a cualquier lugar de Hong Kong. Hmm, pero yo ni siquiera sé a dónde ir, no sé dónde voy a dormir. No importa, esta es su parada. Adiós.
Adiós mi única ayuda, adiós mi todo.
Llueve placidamente, como un preludio. La angustia empieza a asentarse. Un idioma extraño, otra vez, letreros indescifrables, otra vez. ¿Qué bus, Juliana, cuál? Llueve más, y ya son las cinco de la tarde. Después de media hora me decido a coger el bus de mi destino, aunque no sepa cuál es.
Arrancamos. Me entretengo como solo sé hacerlo, tomandole fotos a los puentes, y cuando presiento se acerca la hora de bajarse, me paro al lado de mi shifu para entrevistarlo acerca de mi porvenir. Trato de preguntarle dónde hay hoteles, ah no, en todas partes, uste fresca! Pero eso no me ayuda mucho. Esta es mi parada, segun él. Me bajo, y aquí, en medio de la nada puedo coger otro bus que me lleva a cualquier lugar de Hong Kong. Hmm, pero yo ni siquiera sé a dónde ir, no sé dónde voy a dormir. No importa, esta es su parada. Adiós.
Adiós mi única ayuda, adiós mi todo.
Llueve placidamente, como un preludio. La angustia empieza a asentarse. Un idioma extraño, otra vez, letreros indescifrables, otra vez. ¿Qué bus, Juliana, cuál? Llueve más, y ya son las cinco de la tarde. Después de media hora me decido a coger el bus de mi destino, aunque no sepa cuál es.
Hong Kong Market
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lunes, 16 de junio de 2008
El Chunking Dream
Pero dentro del bus algo anda mal. El bus anda y anda, sube montañas de selva tropical, por una carretera muy gringa a toda velocidad. Yo quisiera que parara, pero es imposible, esto ya no tiene reversa. Siento que me alejo irremediablemente de mi destino, que el daño es irreparable. Una Hongkonesa en su propio cuento alcanza a dar una mínima señal de extrañeza al verme llorar en mute desconsoladamente. Estás jodida, definitivamente.
Por fin para. Medio reconozco el paisaje. En contra de mis predicciones y peores miedos, sí llegamos al corazón de Hong Kong.
Una estación de metro: alivio. Esto debería ser fácil, esto es como llegar a la oficina. Un aparato como un cajero me dará mi tiquete, le meteré una moneda y me adivinará mi destino, él me dirá a dónde ir ahora, porque yo no tengo ni idea. Causeway Bay, es lo único que reconozco (él me había dicho antes de salir de Beijing, "hostales en Causeway Bay. 100 yuanes.")
Tal vez como llegué por Shenzhen en flota, en un bus como enrazado con trolley de Disney y bus de dos pisos de Londres, nunca caí en cuenta que estaba cambiando de país. Jamás se me ocurrió aquello del cambio a Hong Kong Dollars hasta que fue muy tarde.
Bueno, tres vueltas y 1 hora más cerca a que se oscurezca, y ya estoy lista para montarme a Causeway Bay y encontrar en la puerta de la estación el descanso que tanto me merezco.
No es tan fácil, por supuesto. Más bien llego, y camino por la lluvia, por puentes, por tiendas, hasta encontrar un Café Internet gratis. Aquí "googleo" hostales baratos en Hong Kong y me dice que en Tsim Sha Tsui, al otro lado de la bahía. Para llegar hay que cojer metro, o ferry. Eso hago, camino, camino, busco Chunking Mansions, el más barato que encontré... ese Mansions me da un poco de esperanza.
Encuentro una hermosa fachada, de los años 60 tal vez, con los ventiladores y aires acondicionados por fuera, un edificio como un cuerpo desangrandose con la piel al reves. Pero el primer piso en cambio son tiendas fosforescentes que brillan noche y día. No he tocado el primer escalón de la entrada y 27 pakistaníes, indios, nigerianos, me atacan al tiempo. "I give yoo rrroom missy," pero yo me voy con mi chinese, ella sabe cómo es la vuelta. "100 HKD, no pago un yuan más."
Pues 100 HKD equivalen a una colchoneta en una ducha, aparentemente. Daba calor entonces prendia el ventilador, pero eso era como prender un ventilador dentro de un closet, se armaba una señora corriente que alcanzaba a despeinarme y volarme las tareas, entonces lo apagaba y me asfixiaba, entonces lo prendía, y así una y otra vez.
Y a dormirse ya, pero no antes de bañarse con unas ganas que no he sentido nunca. Hong Kong es sucio, o Tsim Sha Tsui lo es, por lo menos. Los aires acondicionados moquean, todo gotea aun cuando no llueve, y las ventanas como mujeres demacradas con la pestañina regada. Esto no inspira nada. Inspira madrugar para salir de esta madriguera, madrugar a comenzar a tramitar mi Chinese Dream. Mañana es el día.
Por fin para. Medio reconozco el paisaje. En contra de mis predicciones y peores miedos, sí llegamos al corazón de Hong Kong.
Una estación de metro: alivio. Esto debería ser fácil, esto es como llegar a la oficina. Un aparato como un cajero me dará mi tiquete, le meteré una moneda y me adivinará mi destino, él me dirá a dónde ir ahora, porque yo no tengo ni idea. Causeway Bay, es lo único que reconozco (él me había dicho antes de salir de Beijing, "hostales en Causeway Bay. 100 yuanes.")
Tal vez como llegué por Shenzhen en flota, en un bus como enrazado con trolley de Disney y bus de dos pisos de Londres, nunca caí en cuenta que estaba cambiando de país. Jamás se me ocurrió aquello del cambio a Hong Kong Dollars hasta que fue muy tarde.
Bueno, tres vueltas y 1 hora más cerca a que se oscurezca, y ya estoy lista para montarme a Causeway Bay y encontrar en la puerta de la estación el descanso que tanto me merezco.
No es tan fácil, por supuesto. Más bien llego, y camino por la lluvia, por puentes, por tiendas, hasta encontrar un Café Internet gratis. Aquí "googleo" hostales baratos en Hong Kong y me dice que en Tsim Sha Tsui, al otro lado de la bahía. Para llegar hay que cojer metro, o ferry. Eso hago, camino, camino, busco Chunking Mansions, el más barato que encontré... ese Mansions me da un poco de esperanza.
Encuentro una hermosa fachada, de los años 60 tal vez, con los ventiladores y aires acondicionados por fuera, un edificio como un cuerpo desangrandose con la piel al reves. Pero el primer piso en cambio son tiendas fosforescentes que brillan noche y día. No he tocado el primer escalón de la entrada y 27 pakistaníes, indios, nigerianos, me atacan al tiempo. "I give yoo rrroom missy," pero yo me voy con mi chinese, ella sabe cómo es la vuelta. "100 HKD, no pago un yuan más."
Pues 100 HKD equivalen a una colchoneta en una ducha, aparentemente. Daba calor entonces prendia el ventilador, pero eso era como prender un ventilador dentro de un closet, se armaba una señora corriente que alcanzaba a despeinarme y volarme las tareas, entonces lo apagaba y me asfixiaba, entonces lo prendía, y así una y otra vez.
Y a dormirse ya, pero no antes de bañarse con unas ganas que no he sentido nunca. Hong Kong es sucio, o Tsim Sha Tsui lo es, por lo menos. Los aires acondicionados moquean, todo gotea aun cuando no llueve, y las ventanas como mujeres demacradas con la pestañina regada. Esto no inspira nada. Inspira madrugar para salir de esta madriguera, madrugar a comenzar a tramitar mi Chinese Dream. Mañana es el día.
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Acerca de mí
- J. J. Jimenez
- Gainesville, FL, United States
- Juliana Jiménez was born in Santa Fe de Bogotá, Colombia. She lived there for 13 years before moving to the U.S., on the 10 am flight on June 20th, 2000. Now she is a Journalism (and Frustrated English) Major and Chinese Minor; a Junior, and anxious about it. She speaks Spanish 89% of her time, English 9% and Chinese 2%. Spanish at home, on the phone, in between classes, in writing, in love. English for Academia and renewing car insurance. Chinese only for text-messages with her Colombian-American-Chinese-Swiss older sister and with her Colombian-American-French-Chinese boyfriend. She lived in Beijing, China for a total of 11 months before she was back-stabbed by the Chinese government.